12 de febrero de 2012

Verano.

Me invitaste a tomar una birra
al cordón de la calle de tu casa
charlamos de música
películas
y novios.

Nos zambullimos en nuestros mambos
abriéndonos como plantas carnívoras
salidas de un documental de Discovery.
Yo me reí de vos
y vos quieto
mirándome fijo
me dijiste
“que lindo que sos, guacho”

Me tuviste en cautiverio un par de meses
trayéndome comida de a poco
migajas
para que no me enamorará de vos
hasta que un día
en pleno verano
vos con bermuda de jean
y remera blanca con un toque pastel
me entregaste tu corazón en bandeja
como hacen los mozos en los bares.
El corazón latió tan fuerte
en ese momento
que no supe cómo pararlo
vibraba al compás de tus palabras
saliendo esa boca sigilosa
punzante de sonidos dulces.

Y así
me declaraste tu amor
y también
el plan maestro que hiciste desde hace meses.
Nos embadurnamos con los amaneceres
y las noches que pasamos juntos,
saltando de alegría y dolor
las muecas que nos hacían los otros,
sin importar el tiempo perdido
ese tiempo desaprovechado
por aquellos que nunca supieron
lo que era el amor verdadero.

Febrero, 2012.

Gabriel Balmaceda.

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