Los malos pájaros graznan en lo alto de la montaña, reclamando al cínico guardián que libere a los cautivos para comerlos vivos. El guardián ríe y se contonea al escuchar el llanto de esos cautivos.
Abierta la celda del juicio final, los cautivos huyen despavoridos de sus ataduras hacia la luz. Los negros verdugos graznan con fuerza y violencia, expulsando de su boca mensajes encantadores.
Ellos esperan la caída de todos para picotearle el culo a cada uno. Devorarlos de a poco sintiendo la sangre en su pico, la misma sangre de aquellos que no sabrán ver la realidad.
Por Gabriel Balmaceda.
(Enero 2012)
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