Inundadas de silencio
las libélulas sanas de dolores ajenos
cabalgan los aires de nuestro amor
sin percibir
sin rasgar
sin sentir
que los viejos momentos
se evaporaron en el amanecer del ayer.
Cicatrices en nuestros cuerpos
que sanguijuelas sanaron
chuparon
succionaron
maceraron
dejando secuelas ahí
donde el amor y el odio se cruzan
se pelean
se reclaman abismos que no son correspondidos.
Ahora
somos vos y yo
clavados en el medio del silencio
callando
silenciando
murmurando
ecos de amores perdidos
en este laberinto que llaman mundo.
Por Gabriel Balmaceda.
(Noviembre, 2011)
No hay comentarios:
Publicar un comentario