Me hiciste perder la religión
me hiciste caminar sobre la luna
me hiciste imitar la vida
me hiciste tener un mal día
me hiciste acelerarme mucho más.
Fuimos novios en mis sueños
sólo por un rato me abrazaste
y me amaste como nadie supo.
Tus manos se aferraban a mi
y yo pedía que el tiempo se tildara
para volvernos uno
y ser miles de acróbatas saltando por ahí.
Tenías barba, anteojos y una sonrisa
que me hacia desfallecer ante tus pies
escurridizos
bajo las sábanas de tu cama.
Te miré en el hall de entrada
con cara de triste me dijiste
estoy mal
yo te abracé y te amé
hasta secarte las lágrimas.
Te amo, M.
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