6 de julio de 2010

Situaciones no tan ajenas.

Sus uñas sucias
me irritaban
hasta el cansancio.
Sonrió y me dijo
“Me calentás, pendejo.”

Metió la mano en el pantalón
se me frunció el culo
de irreconocible placer.

Sus dedos largos y puntiagudos
me abrieron
como taladro de constructor
y yo le pedí más y más.

Me empujó contra la pared
su lengua mojada
bajaba por mi espalda.
Me lamió
duro y parejo
su boca
como hiedra venosa
me intoxicó de a poco.

Mis gritos sucumbían
a espasmos frenéticos
dentro de mi culo.

Arrastrándome por el piso
me apoyó boca abajo
en el sillón amarillo.
Mi culo
se expandía esperando
la pulsión final.

B. G.

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